Creo que me animo a decir que detesto los días cordobeses pero me encantan sus noches. De día hace un calor con humedad que si te movés no te deja respirar, y el sol te cocina viva. Pero de noche se levanta un vientito refrescante y cálido, y el cielo lleno de estrellas es una belleza irrepetible.
En este día parte del grupo decidió meterse en medio de las sierras, hasta un lugar llamado Huertas Malas. Así que hacia allí emprendimos camino Milo, Martín, Luchi, Lucas, Male y yo. El camino me resultó muy difícil, no funciono bien bajo el calor, los pulmones los dejé en la primer subida, mis gemelos no querían caminar más, mi espalda tampoco, y la picada no paraba de enfilar pa´ arriba. Pero la vista era asombrosa, estuvimos literalmente en medio de las nubes y el lugar al lado del río es bellísimo. Me alegra inmensamente haber venido y llegado. Hubo un momento en que estuvimos en un collado donde el viento cruzaba arrojándose con toda la fuerza contra la cara y todo el cuerpo con aire lleno de lluvia. Fue un momento perfecto.
Durante la subida me acordaba mucho de Mendoza, por la falta de aire y el dolor, y pensaba que si pude hacer dos montañas de más de 4000msnm con mi espaldita toda rota, ¿Cómo no voy a poder con una sierra de Córdoba? Fue un momento de inflexión aquel para mí. Un gran ejemplo de lo que realmente soy capaz. Aunque esta caminata me decidió a que el año que se está viniendo, es imperativo que comience actividad física porque cada vez todo cuesta más.
Es tan lindo estar de campamento!!! Y todas las actividades relacionadas! Ir a juntar agua y leña, armar el fogón, dormir en carpa y bolsa de dormir, cocinar. Me encanta! La cena fueron unos fideos con salsa blanca riquísimos y de postre un fasín convidado por La Pacha (lo encontramos en un árbol de verdad), con un trago de caña Legui. Lueguito a dormir.
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