Temprano nos levantamos, y hacia la ruta con los pulgares prestos nos dirigimos, rumbo a Iruya. Casi cuatro horas más tarde seguíamos ahí, firmes y desistiendo. Cambiamos camino hacia la estación de buses donde nos fue comunicado que hasta las 16hs no había transporte, siendo las 12hs. Ufa. Sacamos pasaje igual, y la plaza nos recibió con sus verdes pastos para así alimentarnos de flor de sanguches (tomate, lechuga, queso de cabra y mote -maíz blanco hervido-), y echarnos alta siesta.
La hora llegó, y comenzó un trayecto flasherísimo. Camino de ripio y cornisa, con mucha subida -llegando hasta los 4000msnm-, y curvas-contracurvas, transcurriendo gran parte del recorrido entre las nubes. Espectacular. Era muy cómica la reacción de la gente. Lo sentían como algo muy peligroso y se asustaban, por ende se ponían nerviosos y hacían comentarios o grititos todo el tiempo. Ni la más mínima confianza en el conductor, que la tenía re clara e iba riéndose. El viaje para mí fue divertidísimo y con un paisaje para nunca olvidar. Terrazas verdes terminabas abruptamente en acantilados con formaciones bien Tolkien. Y el río al fondo. Nuevamente, sin palabras. Excelente travesía.
Al llegar fuimos atosigados por ofertas de hospedaje, de una manera realmente molesta, por lo que armamos central de mochis en una placita frente a la iglesia, mientras que algunos iban a averiguar por un lugar donde parar. Encontraron un hospedaje para esa noche a 30pe las camas (camas! genial!), y cuatro: Lautaro, Anna, Milo y yo, allí descansamos. Dormimos en cama! Qué noche!! La cena consistió en arroz con verduras y papitas, bien rica :) Yo me di una duchita con un termotanque eléctrico, nunca antes visto, y me quedé bien dormida luego de comer.
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