miércoles, 25 de febrero de 2015

DÍA 23 - 13 de Enero, 2015...

Amanecimos con el sol. Y antes de las 8 ya estábamos con el pulgar al viento. A las 10 en punto, una chata con un gran cajón en su caja ofreció recorrido, por lo que prontamente los cuatro autoestopistas presentes nos prestamos a subir a ella y agarrarnos de los que pudiésemos.Y a mantener el equilibrio! Íbamos mitad arriba de la camioneta, mitad arriba de las mochilas y mitad arriba del techo jaja. Fue un viaje absolutamente fenomenal! Con el viento en la cara y pasando por toda la Quebrada de las Conchas, las cuales tienen un paisaje alucinante. Gran trayecto gran! En la Garganta del Diablo nos bajamos (salvo Cris, que siguió de una hasta Alemanía), y el vehículo mágico continuó su camino, también cargado de gente. Gracias!
Nosotros recorrimos con tranquilidad La Garganta del Diablo, la cual presenta una estructura asombrosa, y el Anfiteatro, con su acústica sagrada. Afortunadamente pudimos escuchar unas gentes lindas haciendo música dentro. Tamaños rituales se debían realizar en estos sitios en otras épocas...Son realmente de no creer. La belleza hecha roca. (Lástima el calor jeje). 
Al terminar, comenzó la nueva odisea de dedear una vez más. Milo preguntó por algunos lados y nada, yo estiré mi pulgar a la ruta y nada, el sol abrasaba y la sombra se hacía desear, las mochilas comenzaban a pesar, hasta que cambiando de lugar, una pareja nos ofreció llevar a uno de nosotros por el espacio que disponían. Y allí fui... charlando todo el viaje con Federica, una niñita de 4 o 5 años que le gusta el rosa y el helado, tomando unos mates con su mamá y sacando fotos de juguete, con la promesa de reencontrarlo al Milo en Alemanía. Fue un trecho divertido :)
Y al llegar, ya prontito me lo crucé al Cris, armamos campamento, juntamos leña y lo fuimos a esperar al Milou a la entrada, quien no tardó mucho en arribar en la caja de una chata roja. Se armaron unos fideos con salsa super mega deliciosos (también puede ser comprendido como qué hambre que teníamos!), y nos fuimos a remojarnos como mojarritas a uno de los ríos.
Alemanía es bellísima. Pueblo ferroviario pequeño donde hace tiempo el tren abandonó sus vías. Gente cordial, confluencia de ríos, agua potable, y muchísimo verde fresco. Todo en uno. Por la tarde llovió, y a la noche las estrelllas limpias y brillantes surcaron el cielo de punta a punta. El olor a tierra mojada es tan agradable, y si encima está acompañado de sandía dulce, pan con dulce de tomates caserito, y linda compañía, es mucho mejor. Con la lluvia nos reencontramos a Caro, Mati y Jovi (vecinos de Cafayate), con toda la onda y compartimos un rato antes que partiera ya su bus. Lueguito nos quedamos en la antígua estación de tren, charlando y tomando mistella de Amaicha hasta que los bostezos marcaron las horas. La noche fue de muy necesitado descanso.


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