Abrimos los ojos y el edén se reveló ante nosotros. Este lugar, con sol o sin él, es idílico. El gran emablse, rodeado de lomas verdes, con las vaquitas y las carpitas, es mágico. Una belleza sin palabras suficientes para describirla. Y tan tranquilo. Con Milo mudamos campamento, caminamos un rrato y juntamos la poca leña húmeda que pudimos conseguir. Eso sí, todo está mojado aquí. Y aunque el pastito es lindo, la caca de vaca abunda jaja. Me dí un chapuzón hiper veloz en el lago, el agua es profunda aquí, y el resto del día lo pasamos deleitándonos la vista y rancheando tranca por ahí.
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