Hoy nos levantamos al son del grupo internacional partiendo. El desayuno fue supremo y duró como una hora y media, consistiendo en bizcochuelo de anoche, el infaltable mate y chapatis con manteca y dulce. Satisfacción total.
Luego nos fuimos a caminar con el Milo hacia el Mirador del Cóndor (sí, caminamos aparte de comer). Cruzamos el puente y ya por la callecita empezamos a subir. Siguió un camino de tierra y subimos. Y seguimos subiendo. Un lindo caracol de aproximadamente una hora que se llevaba todo tu aire pero te recompensaba con una de las vistas más alucinantes que he tenido el placer de presenciar. Tanto desde el camino como desde el mirador en sí se veía el pueblito sumergido en medio de una cordillera de montañas verdes, con sus quebradas y acantilados, inmensas hasta donde alcanza la vista. Inenarrable. ¿Cómo puede existir gente incapaz de saber valorar un escenario tan sublime?
Seguimos caminando un poco más allá, donde continuaba la belleza en su estado puro. En una quebradita reposamos sobre unas piedrecillas y aspiramos su aroma a volcán. Y dejamos mensajes de amor escritos en las piedras. Antes de emprender la bajada, volamos junto a los cóndores. Y volver resultó mucho más sencillo que ir, al menor para mí, ya que Milo había ido toda la subida haciendo resonar las cuerdas del uke y cantando a viva voz.
Al llegar al hogar surgió panzada de banana con avena, y de guacamole con pan, junto a Keila y Juan. Qué ricooo!! Una vez más... ¿Qué más se puede pedir? Y la noche cayó trayendo consigo la cereza de la torta: cena de noquis de zapallo con super salsa, hechos a diez manos. No me alcanza el vocabulario para describir el placer de las papilas gustativas de todos los presentes, ya que cenamos también con Margarita y una chica española que no encontraba a su amiga. Fue una comida sencillamente excelente. Luego de quedar más que bien alimentados, para tranquilidad de nuestras madres jaja, nos quedamos charlando con la señora de la casa. Nos estuvo contando de su vida y la del Chacho. Y han tenido vivencias muy fuertes y duras, de las cuales salieron con un corazón y una bondad asombrosas. Son gente llena de luz. Esta mujer es amor puro. Dan ganas de estar junto a ella y abrazarla. Y el Chacho es para mearse de la risa, un picarón, chistoso de buen humor y buen hombre. Son una hermosa pareja. Son padres.
Cuando los noquis empezaron a bajar, la mente se comenzó a apagar. Hora de ir a la cama o, mejor dicho, a la bolsa!
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