miércoles, 25 de febrero de 2015

DÍA 41 - 31 de Enero, 2015...

El día comenzó temprano, hacia las 7, partiendo veloces a la ruta para hacer dedo hacia Las Salinas, una vez más. Hacía frío, teníamos sueño y estaba muy nublado. Aparte de los pocos autos que pasaban, ninguno se detenía, por lo cual tras un par de horas decidimos volver al calor de nuestras lindas bolsas. Nos pegamos una dormidita más y, cuando el sol hizo su aparición, trajo consigo el calor. Milo se levantó al rato, pero yo me sentía bastante bajoneada y no tenía muchas ganas de nada, así que me quedé remoloneando. El día cambió abruptamente para bien cuando el Milo asoma su cabeza en la carpa, genio de genios, con la noticia que existe un bus que va hasta Susques pasando por Las Salinas a $40, y que sale en media hora. Indescriptible mi alegría y la velocidad a la que me levanté. Estuve lista en un periquete (sí, sólo quería usar esa palabra :P). Presurosos nos dirigimos hacia la parada, formándose un lindo grupo mientras tanto: Camila, Laura, Pablo, Germán, Juan, Milo y yo. El trayecto hacia allí fue alucinante! Las montañas, los colores, los valles, las formaciones...sin palabras. Pasamos por el Abra de Lipan a 4170msnm, y finalmente arribamos a destino! 
Las Salinas son impresionantes!! Una enorme planicie blanca reflejando al sol, con sus cristales de sal y pozones de agua color celeste. Nos enteramos que de este salar se saca sal para consumo, y que los pozos son necesarios para que se acumule agua y se mantenga la humedad del salar, sino se disiparía. Que loco pensarlo, toda esa sal volándose con una brisa. Estuvimos caminando descalzos, metimos en el agua pies de piel y sacamos pies de sal, uno de los chicos se metió de cabeza y flotaba jaja, nos sacamos fotos e hicimos ronda de galles, pan y bananas, cada uno compartiendo lo que tenía :) Fue una tarde perfecta. 
A la hora de volver, la única manera era conseguir un dedo ya que el bus no pasaba hasta el día siguiente. Y me animé a preguntarle a un auto si nos podía llevar! Aunque no pudo, me puso contenta. El dueño de una camioneta que en principio nos respondió que no tenía lugar, cambio de opinión y muy amablemente nos lo hizo para que podamos viajar Juan, Germán, Milo y yo, apretados pero felices. La noche se hizo presente con un mega guiso de arroz con verduras que resultó delicioso, abundante y comunitario. Que día formidable!! 



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